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500 kilómetros de fe: Melisa Barberán y una travesía inolvidable en bicicleta hasta la Virgen de Luján

En una charla mano a mano con FM Aries, Melisa contó que la aventura comenzó en la ciudad de Rafaela, el punto de partida elegido para encarar el largo viaje. “Salimos a las 20 horas, y al mediodía del día siguiente ya estábamos en Rosario”, relató. En esa primera etapa, el grupo contó con un auto de apoyo que acompañó el trayecto nocturno, fundamental para cuidar su seguridad.
Locales26 de septiembre de 2025Radio FM Aries AtalivaRadio FM Aries Ataliva
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La historia de Melisa Barberán, oriunda de Ataliva, no es una más. Es una de esas que se escriben con el cuerpo, el alma y, en su caso, también con el esfuerzo de los pedales. Junto a un grupo de mujeres oriundas de Humberto Primo y Susana, Meli emprendió una nueva travesía hasta la Virgen de Luján en bicicleta, un recorrido de 500 kilómetros cargado de fe, emociones y anécdotas que quedarán grabadas en la memoria.

En una charla mano a mano con FM Aries, Melisa contó que la aventura comenzó en la ciudad de Rafaela, el punto de partida elegido para encarar el largo viaje. “Salimos a las 20 horas, y al mediodía del día siguiente ya estábamos en Rosario”, relató. En esa primera etapa, el grupo contó con un auto de apoyo que acompañó el trayecto nocturno, fundamental para cuidar su seguridad.

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Tras una parada en Rosario, el viaje siguió rumbo a San Nicolás, donde las ciclistas hicieron un alto para saludar a la virgencita de esa ciudad. Este segundo tramo lo realizaron completamente solas, sin asistencia, con la ruta como única compañía.

Lo que siguió fue una verdadera odisea. Decidieron tomar un camino diferente al de otras ediciones, y eso las llevó a pasar por lugares que Melisa definió como “raros”, caminos de tierra complicados, y un tramo exigente hasta Baradero, donde una intensa lluvia las obligó a hacer una nueva parada.

Pero la fe nunca se detuvo. Con el cuerpo cansado y el viento en contra, retomaron la marcha y finalmente llegaron a Luján, cumpliendo con el objetivo de cada año. “Cuando uno llega a destino siente que hay fe, y eso se siente realmente. Uno tiene el corazón lleno cuando está allá, con todo lo que se va cargando en el año, y volvemos recargadas de energías”, compartió emocionada.

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El relato de Melisa está lleno de esfuerzo y entrega, pero también de alegría. Entre risas, anticipó que en 2026 planean cambiar de rumbo: “Queremos ir a Itatí, a ver qué tal por allá”, dijo, ya pensando en una nueva travesía que reúna nuevamente a este grupo de mujeres incansables, donde la fe se transforma en movimiento y las dos ruedas son el vehículo de algo mucho más profundo: el encuentro con una misma y con lo divino.

La travesía no solo dejó kilómetros recorridos, sino también corazones llenos y una enseñanza clara: cuando el cuerpo se cansa, el alma sigue pedaleando.

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