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Elvira de Miretti celebró 102 años y compartió recuerdos de toda una vida

Entre anécdotas, risas y memorias del campo, la vecina de Ataliva repasó parte de su historia, marcada por la sencillez, los afectos y los cambios que atravesó la región a lo largo de más de un siglo.
 
Locales13 de marzo de 2026Radio FM Aries AtalivaRadio FM Aries Ataliva
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Elvira de Miretti cumplió 102 años de vida. 

En una casa donde las visitas llegan con naturalidad y las historias se mezclan con el aroma de los encuentros familiares, Elvira de Miretti celebró sus 102 años de vida. Rodeada de afectos, la mujer que vio transformarse el campo y los pueblos de la región a lo largo de décadas repasó algunos recuerdos que todavía conserva con claridad.

Elvira nació el 10 de marzo de 1924 en una pequeña colonia rural, en cercanías de Galisteo, en lo que se conoce como el campo Dardatti. Allí transcurrieron sus primeros años, en una época donde la vida estaba profundamente ligada al trabajo rural y a la convivencia familiar. En ese lugar pasó buena parte de su infancia y juventud, hasta que alrededor de los veinte años se trasladó junto a sus padres a Ataliva, localidad donde construyó gran parte de su vida.

Cuando llegó al pueblo, el paisaje era muy distinto al actual. Las calles eran de tierra, el asfalto todavía no formaba parte de la rutina diaria y las actividades sociales tenían un ritmo diferente. Entre los recuerdos que más aparecen en su relato están los bailes, aquellos encuentros esperados durante semanas por los jóvenes de la época.

A Elvira le gustaba bailar, y lo dice con una sonrisa que todavía deja entrever aquella pasión juvenil. Las fiestas y reuniones eran momentos de encuentro entre vecinos, donde las conversaciones, las miradas y las primeras amistades marcaban el pulso social de la comunidad.

Hija menor de una familia numerosa de nueve hermanos, su infancia estuvo marcada por las vivencias propias de las familias rurales de aquellos años. Aunque siempre tuvo deseos de estudiar, las posibilidades eran limitadas y muchas veces las decisiones familiares se imponían sobre los sueños personales.

Aun así, conserva recuerdos entrañables de aquellos tiempos: las visitas de amigas del campo, los paseos y las pequeñas historias que hoy parecen simples, pero que para ella forman parte de una memoria viva. Incluso evoca con gracia una anécdota de su niñez vinculada a los antiguos álbumes de figuritas y a los chocolatines que compraba con ilusión esperando completar una colección que nunca llegó a terminar.

Con el paso de los años formó su propia familia. Se casó con Delfino, a quien recuerda como un hombre bueno y compañero. De esa unión nació su hijo Guillermo Miretti, hoy reconocido en la región por su trabajo al frente de Cabaña La Luisa, una de las firmas emblemáticas de Ataliva vinculadas a la producción ganadera.

Elvira habla de su vida con sencillez, como quien repasa escenas cotidianas que quedaron guardadas en el tiempo. Recuerda los encuentros con amigos, las conversaciones en grupo y aquellos momentos en los que, antes de que anocheciera, las madres llamaban a sus hijos para regresar a casa.

A más de un siglo de su nacimiento, asegura sentirse bien, a su manera, y continúa disfrutando de las pequeñas cosas: las visitas de familiares, los almuerzos compartidos y las charlas que reviven recuerdos del pasado. En su cumpleaños no faltaron los vecinos, amigos y allegados que se acercaron a saludarla.

Cuando se le pide un mensaje para las nuevas generaciones, su respuesta surge con naturalidad y resume buena parte de su filosofía de vida: mirar siempre hacia adelante. Para ella, incluso en los momentos difíciles, lo importante es no detenerse, salir, compartir con otros y mantener viva la alegría de vivir.

Así, entre recuerdos del campo, bailes de juventud y afectos que se mantienen intactos, la historia de Elvira de Miretti se convierte en un testimonio vivo de la memoria de la región.

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